sábado 3 de octubre de 2009

Noticias del Reyno de Chile

EXTRACTO

de la Relación que hace al Señor Presidente de Chile Don Agustín de
Xauregui, el Capitán de Infantería de la guarnición de Valdivia, Intérprete
General de aqulla plaza Don Ignacio Piner, sobre una Ciudad grande de
Españoles situada entre los Indios, fecha en Valdivia á 2 de Febrero de 1774.


En el año de 1599 el Miércoles 24 de Noviembre hubo una sublevación general de los Indios en el reyno de Chile, en que destruyeron siete Ciudades de las quales solo Chilan y la Concepcion se restauraron.

Entre estas estaba muy internada al Sur, la de Osorno, de la que se hizo juicio que no hubiese quedado viviente alguno, como les sucedió á las otras; y como desde entonces han estado poseidos aquellos territorios por los Indios bárbaros, que aunque han venido á los Parlamentos, jamás quisieron dar noticia alguna; (cosa tan regular en su carácter reservado y desconfiado con los Españoles) ha side necesario para averiguar las noticias siguientes, así la inteligencia en el idióma, como la grande aamistad, que por haber practicado con ellos el comercio en sus primeros años adquirió, y aún con todo esto no lo hubiera averiguado á no ser por las astucias de que se valió, y la constancia de mas de veinte y ocho años.

Osorno, que fue acometida la msima noche que las demás Ciudades, jamás fue rendida por los Indios, que eran innumerables, y fueron rechazados con grandísima pérdida, por lo que resolvieron sitiarla; pues por sorpresa no la habian podido tomar, y continuaron varios asaltos llevando siempre lo peor. Duraba ya seis meses el sitio, y como no tinian socorro los Españoles, se vieron en la mayor miseria llegando á comer unos á otros. Estando en este estado unidos los sitiadoress, con los Indios que habian tomado á Valdivia, y habian llegado á auxiliarles, hicieron de dia el mayor esfuerzo; pero fue tanto el de los sitiados, que mataron á quantos se atrevieron á dar asalto, escapando muy pocos, porque así hombres como mugeres se defendian desesperadamente. Viéndose vencidos los Indios se retiraron, pero siempre á la vista, esperando que el hambre acabase con los Españoles; pero estos reforzados con la abundancia de carne que les franquió la gran matanza de Indios, no hallando mas recurso resolvieron abandonar la Ciudad, y pasarse á una peninsula fuerte por naturaleza, donde tenían sus haciendas varios vecinos, y habia muchos ganados, granos y muchos piñones. Para esto salieron armados llevando sus hijos, y quanto pudieron de caudales &c. escarmentando á los Indios que les inquietaban en su marcha. Reformados en la peninsula despues de algunos dias determinaron hacer salida á los Indios, que aunque se defendian valerosamente, no solo fueron derrotados con grandísima pérdida, sino que tambien les quitaron sus ganados, y los Españoles vueltos á su peninsula solo cuidaron de conservarse.

La situacion de ésta, es una hermosa y profunda laguna, madre del rio Bueno, á teres ó quatro leguas de Osorno, al pie de la cordillera al Sur, á siete ó ocho del Dolian: es profunda, y baunda de pesca, y así para ésta, como para comunciacion con tres islillas, tienen muchas embarcaciones. Esta laguna ciercula la mayor parte de la peninsula, y por la menor un profundo y pegajoso lodazar, que hace impracticable el tránsito á un perro. El Istmo tendrá de 28 á 30 quadras, y ene stas la entrada de la gran Ciudad, fortificada con muralla de piedra muy grande y fuerte, pero baxa, un revellin foso de auga, y su puente lavadizo, que todas las noches se levanta, y las puertas son fuertes.

Los Indios llaman á estos Españoles Alcahuncas.

Las armas que usan son lanzas, espadas y puñales, aunque no he podido saber si son de fierro, y para defensa de la Ciudad tiene artillería; cosa constante á los Indios, porque en ciertos tiempos del año la disparan; fusiles no tienen, y para defensa de sus personas usan de coletos: son diestrisimos en el uso del laque (arma arrojadiza que se compone de un pedazo de correa de cuero sin curtir, y una piedra redonda atada á cada extremo) por lo que les temen muchos los Indios.

Nada he podido saber do la interior de la Ciudad, porque á nadie permiten entrar; pero como las casas son altas, se ven sus paredes y tejados.

Comercian con los Indios con plata, de que tienen abundancia, y en las estancias (que son dehesas) tienen mucho ganado. En lo antiguo no solo compraban sal (de que carecían) á los Pohuenches, sino también a los Indios de nuestra jurisdicción, y estos nos la tomaban dando una baca por piedra; pero de pocos años á esta parte la han hallado en tanta abundancia, que les sobra y proveen a los Indios de su jurisdicción; por lo que los nuestros, ni nos compran tanta, ni la pagan á tanto precio.

Su vestuario es de color muzgo á la antigua Española (según lo explican los Indios); usan de sombrero, camisa, chupa larga, con calzones de bucho, y zapatos muy grandes. Los que andan en tráficos con los Indios, llevan coletos, y siempre van á caballo, y con las armas en las manos: son muy blancos, cerrados de barba, y de estatura mas que regular por lo comun.

El número de estos habitantes es tanto, que preguntándoles por él a los Indios me dixeron, que sonsiderase quán grande sería, pues en aquella tierra no morian los Españoles. Con este motivo me informaron que no cabiendo en la peninsula, habian pasado muchas familias al otro lado de la laguna, y fundado otra gran Ciudad, aunque inferior á la primera, situada en frente de ésta á la orilla del agua, y circuida por la parte de tierra de un gran foso, ignorando si es de agua, y si tiene algun muro, ú otro reparo de la Ciudad, comunicándose entre sí por el agua, por lo que hay muchas embarcaciones allí: tambien tiene artillería, y el que manda en ella está subordinado al Gefe de la Ciudad prinpicpal, á quien denominan Rey, que según la voz comun entre los Indios, es muy tirano, lo que confirma la noticia siguiente.

Habiendo en el año apasdo de 1773 salido uno de Chiloe en el mes de Octubre aá no sé que destino (aunque dixo iba perdido), llegó cerca de las oraciones á la Ciudad principal, antes que hubiesen levantado el puente, por lo que golpeó á la puerta, y asomándose un soldado de la guardia, é informado de su trabajo, le dixo que se retirase luego antes que otro lo viese, ó él se hallase precisado á dar parte, porque á nadie se permitia llegar allí, y que se admiraba como los Indios le habian permitido el paso, y no lo habian muerto, y que si el avisase el Rey le mandaria buscar, y le haria matar, porque era un h ombre tirano que de deleitaba en hacer muertes que á los pobres los tenía en la mayor opresión por su codicia y ambición (este Rey según informes de varios que lo han visto en los Parlamentos es de poca edad, estatura regular, blanco y rubio); escapose el Chilote, y contando el suceso a Indios, le aconsejaron se volviese ofreciéndose á encaminarle, pero en el primer monte lo mataron. Esta noticia es muy cierta, como tambien el grande pavor que tiene sobrecojidos á los Indios por ciertas señales que cada dia ven, asi en el cielo como en la tierra, las que sus adivinos dicen denotan su total desolación, y que nosotros hemos de entrar nuevamente á reynar entre ellos, por cuya razon se disponen en sus juntas para hacer el ultimo esfuerzo en defensa de los caminos, en caso qu elos Españoles intenten sacar á aquelles sublevados (como ellos los llaman)

El suceso del Chilote ha motivado entre aquellos Españoles (creo sea la plebe) á continuar con mayor empreño en poner señales en el cerro llamado Chuquique, ó Llollelque, que es el mas imediato y único para llegar á aquella tierra. En este sitio sucede que los Españoles suelen poner una cruz, y los Indios la quitan, y en su lugar ponen una lanza: ponen los primeros una Espada, y los segundos la quitan, poniendo en su lugar un macheton (arma que vean, y entnediéndose que todo esto es de madera): quitan los Españoles el macheton, y en su lugar ponen unas piedras de rio como balas; y en esta continuacion alternativa de señales ó amenazas, están unos y otros, yd esde el mes de Octubre hallan los Indios en aquel porpio paraje varios papeles ó cartas clavados en una estaca. Están sorprendidos los Indios, que ya no se mueven de allí, haciendo centinela al paraje, recelosos de que alguno de estos papeles llegue á manos de nosotros, por lo que recogieron con cuidado los que antes se habían puesto.

Para vivir mas seguros de nosotros aquel Rey, tienen anualmente sus Parlamentos con los Indios de su jurisdicción, que son muchos, y con los Pehuenches: á los suyos tiene tan gustosos como que están a su disposicion y órdenes. Uno de los puntos que mas se encargan en los Parlamentos es, que no permitan pasar á alguno, ó salir de aquella Ciudad para acá, encargando, que si algun Español intentase pasar lo maten sin conmiseración en donde le hallen. Esto persuade que están bien hallados los poderosos, y que aquellos papeles serán de la plebe, que deseará salir de su opresion.

Aunque he practicado exquisitas diligencias para tener alguna de aquellas señales ó cartas, no lo he podido conseguir; porque dicen no podrán practicarlo sin que los descubran los adivinos, y que aún quando escapasen de setos no podrían librarse de la vigilancia de lso Españoles, y que los mataria.

Tambien supe por varios Indios de suposición (y fue entonces voz comun en esta plaza), que en el año en que por orden del Señor Virrey del Perú Don Manuel de Amar, á la sazon Presidente de este reyno, en la entrada que de su órden se hizo por los llanos, habíendose antes divulgado entre los Indios la noticia de los preparativos, llegó éste á aquellos Españoles, quienes se dispusieron á otra salida para encontarse con los nuestros; en esta disposicion llegó nuestra torpa á las orillas del rio Bueno, donde como todos saben, tuvieron aquel furioso ataque de los Indios, y habiéndose defendido con el mayor valor se retiraron despues, por no ser aquel camino el que debían llevar para el fin de su comision. Habiéndose oido en la Ciudad (que no dista muchas leguas del paraje) salió á los dos ó tres días de la Ciudad un cuerpo de hasta rescientos hombres, y tomando via recta hasta el mismo rio Bueno, al segundo dia de marcha tuvieron noticia de que se habían retirado los nuestros; y viendo los Insidos que sin embargo xontinuaban su itnento, temiendo las resultas tuvieron una gran junta, de cuayas resultas los atacaron el dia siguiente, lo que executaron manifestándose gran valor por ambas partes; pero que el campo quedo por los Españoles, quienes mataron innumerables Indios, y entre los Españoles muertos, se distinguió mucho el Capitan, que era mozo, el que despues de muerto su caballo peló á pie con igual esfuerzo, hasta que habiéndose metido una lanza por debaxo del brazo ácia donde hace costura el coleto, murió. Este coleto me aseguraron que lo conserva un Indio principal. Esta noticia procuraron obscurecerla los Indios para que no hicieramos otra entrada, y prohibieron pena de la vida el comunicarnosla.

Extractado del Semanario Erudito, tomo XX. Se publicó en el siglo XVII

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jueves 27 de agosto de 2009

Las cartas de Darwin



Hace ya ciento treinta años desde que Carlos Darwin publicó su célebre "Origen de las especies". Sin embargo, tal es la influencia de esta obra sobre la visión humana, que adquiere relevancia histórica todo nuevo dato que amplía nuestros conocimientos del desarrollo de las ideas científicas del autor. Siendo muy mozo, Darwin participó de una expedición a la América del Sur que le implantó en su alma la resolución de dedicar su vida al estudio del evolucionismo. En 1811 se le ofreció el puesto de naturalista de la expedición que salía en el velero "Beagle", buque que había sido equipado por el Almirantazgo, para explorar las costas marítimas de la América del Sur. La nieta de Darwin, Nora Barlow, en un libro reunió extractos de los apuntes que compiló el naturalista durante el viaje y, de unas cuarenta cartas que escribió a su familia. Esas cartas dan el ambiente de esos importantes años de la vida de Darwin, años en que reveló su genio científico. Carlos Darwin era el segundo hijo del Dr. Robert Darwin, de Shrewsbury. En el verano de 1831, llevaba una vida despreocupada en Shrewsbury, en cuya época contemplaba entrar en el sacerdocio. Una corta temporada en Edimburgo despertó en él una repugnancia por la medicina, y de sus tres años en Cambridge, Darwin mismo dice: "En cuanto se refería a los mismos estudios académicos, fue para mí, tiempo perdido, y tan inútil como lo fueron mis días en Edimburgo y en mi colegio". Pero aquí se encontró con el profesor Henslow, el botánico, cuyas bondadosas gestiones tuvieron por resultado la oferta que le hizo a Darwin de acompañar a la expedición como naturalista. Al principio el padre de Darwin se opuso al proyecto, caracterizándolo de descabellado e impropio de un hombre que iba a ser sacerdote. Pero su oposición fue vencida por el tío de Darwin, Josiah Wegwood. El velero "Beagle" zarpó de Inglaterra el día 27 de diciembre de 1831.En cuanto a Darwin, sus primeras impresiones fueron las que le produjeron las miserias del mareo, lo cual le ocasionó terribles sufrimientos durante el viaje. Los otros fueron las bellezas de los trópicos, los cuales fueron para él cosas inolvidables. Todas las cartas de Darwin están escritas en esa forma sólida, a la manera de las familias victorianas. Eran epístolas escritas para que las leyesen las hermanas y los sobrinos; sin gracia literaria, pero llenas de entusiasmo por las cosas que veía. Desde Botafogo -abril 25 de 1832- manda los primeros escritos para su famoso diario, con el comentario de que: "Le he tomado una gran antipatía y quiero deshacerme de él: cualquiera de ustedes puede leerlo. En gran parte, es absolutamente infantil". Sin embargo, acerca de este documento solicita, anheloso, las primeras impresiones de la familia y les ruega que lo conserven bien, porque "será de interés en el futuro". Tres meses más tarde, Darwin está satisfecho de que conoce bien las glorias de un bosque selvático brasileño. Normalmente, anduvo a caballo algunos kilómetros, ató al animal y luego entró por una huella en la impenetrable masa de vegetación. Sentado en un árbol comiendo el almuerzo, en la sublime solitud del bosque, experimentó un goce indecible. El mes de marzo de 1833, manda correspondencia desde las islas Malvinas, y habla en ella de una experiencia que jamás hubo de olvidar: su primera visión del hombre salvaje: "Yo creo de verdad, que un salvaje indomado es uno de los espectáculos más extraordinarios del mundo; la diferencia entre un animal domesticado y uno salvaje, se nota en forma mucho más notable cuando se trata del hombre. En el bárbaro desnudo, con su cuerpo cubierto de pinturas, cuyos mismos gestos, bien sean amistosos u hostiles, son inteligibles, se nos hace difícil ver al prójimo. Ninguna descripción o dibujo puede explicar el interés intenso que surge a la mente al ver por primera vez los salvajes. Es un interés que casi le compensa a uno por un viaje a estas latitudes; y esto, les aseguro, es decir mucho". Su próxima carta la escribe en el mes de mayo de 1833, desde Maldonado, pero echa de menos, las esplendorosas vistas de Brasil. En esta época las muestras colectadas por Darwin ya empezaban a llegar y a atraer atención en Inglaterra. Contestando una carta de su familia, dice: "Me alegro muchísimo que el cuero de megaterio les ha dado a todos ustedes algún interés en mis actividades. Sin embargo, estos fragmentos no son de ninguna manera las más valiosas de las reliquias geológicas". En una carta de Buenos Aires, Darwin da cuenta de una expedición realizada por él, en que viajó ochocientos kilómetros tierra dentro, yendo a parar a una región jamás pisada por un inglés y apenas por los indios. No hay duda de que Charles Darwin era un hombre de considerable coraje y resistencia. En Buenos Aires habla, casualmente, de una revolución que estalló durante su estada. "¿Se enteraron ustedes, en Inglaterra, de estas revoluciones, consideradas aquí tan importantes?" ¡Debieron ser utópicos de verdad aquellos días en que un naturalista inglés pudo pasar por alto las revoluciones! La Patagonia le proporcionó al naturalista unos huesos perfectos de una especie de mastodonte, y luego el "Beagle" se hizo a la vela una vez más para las odiadas islas Malvinas y Tierra del fuego, donde Darwin declara, no sin orgullo, que la montaña más alta del lugar lleva su nombre. Para el mes de marzo de 1835, los cansados tripulantes del "Beagle" navegaban ya en dirección a la patria. Pero aún quedaban por narrar otros acontecimientos de interés: un terremoto en Concepción, que, en opinión de Darwin, era "uno de los espectáculos más interesantes que he visto desde que salí de Inglaterra, un salvaje de Tierra del Fuego, la vegetación tropical y las ruinas de Concepción". Para Darwin, Tahiti, Nueva Zelandia, Australia y Mauricia, no tuvieron, al parecer, más valor que piedras miliarias en su camino para Shresbury, a cuya ciudad llegó dos meses más tarde. Como para comprobar su característico cariño por el hogar, Darwin, pocos años después, se casó con una de sus sobrinas, Susan Wedgwood, y no volvió a abandonar su país. Sin embargo, estos años de viaje habían cambiado al joven aficionado de veintidós años, que había acompañado a los expedicionarios del "Beagle". Habíanle convertido en el hombre de ciencia más grande del siglo.

Artículo actualizado de Miss K. J. Raine, que fuera publicado en la revista "Actualidad Magallánica", el 2 de agosto de 1949.

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martes 12 de mayo de 2009

El auto no tiene la culpa

Me encuentro con Leonel. Taxista, 29 años, 1 metro noventa. Le pregunto ¿Y...? para Leonel ¿y? significa. ¿Cómo te ha ido, cuenta, te has levantado alguna mina? Me dice que ahora está medio chantao. Después de lo último que le pasó. Me cuenta. Me llevé a una mina por el camino a Bories. Miro por el retrovisor y veo que un auto viene atrás, me inquieto un poco, doblo por un camino de tierra y el auto ya no estaba. Paro el taxi y me empiezo a atracar a la mina. Nos estamos desvistiendo y el auto se estaciona a nuestro lado. Era el marido, el weon baja y empieza a patear el taxi, yo me bajo y le digo; Oye weon el auto no tiene la culpa, si querís agárratela conmigo, la mina baja y se sube al auto del weon, el weon me dice ya vai a ver weon le voy a contar too a tu mujer. Le digo que si le llega a contar lo masacro. Mira el weon que se habrá imaginao.

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miércoles 29 de abril de 2009

Juzgados


Muchas veces los juzgados deben enfrentar ciertas situaciones inesperadas y salir del paso a como de lugar. Sin abandonar por supuesto el decoro y probidad tan dado a la investidura de jueces, fiscales y abogados defensores. Aunque escuchando el audio de estos seis casos, dudamos que eso suceda.




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martes 14 de abril de 2009

Los Unos y los Otros

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martes 7 de abril de 2009

Club Aéreo natalino



Por Osvaldo Wegmann Hansen

El poeta regional Silvestre Fugellie, que a menudo nos deleita con sus crónicas sobre el pasado magallánico, nos entregó hace pocos días un interesante relato sobre la fundación del Club Aéreo de Punta Arenas. Cuando uno lee estas cosas, ocurridas hace tantos años con personajes ya desaparecidos que conoció personalmente, da la sensación de estar poniéndose viejo. Mencionó a Santiago Leitao, oficial de la FACH, el mismo que tuvo un accidente en Puerto Bories cuando yo era niño. Amarizó con su hidroavión frente al frigorífico y chocó con una viga que flotaba en el mar. Lo salvó el capataz Antonio Saldivia, padre de un compañero del colegio. Arturo Meneses solía llegar también a Puerto Natales en un hidroavión Sikorsky, que era anfibio y salía a tierra al lado del aserradero de Youssuf. A Alfredo Landolt lo conocí después, intentando construir un avión sin motor, junto con Carlos Fischer, primer mártir de la aviación en Magallanes.
En Puerto Natales había inquietud por la aviación y se acrecentó con la llegada del teniente Julio Gallardo Donoso, en 1945. Era el primer oficial de Carabineros que había obtenido el brevet de piloto civil. Pocos años después, trasladado al norte, se mató en un vuelo a la altura de San Felipe. El aeropuerto de Natales lleva su nombre como un merecido homenaje, por lo que él hizo y por el afecto que conquistó entre sus numerosos amigos natalinos.
Me correspondió participar en la fundación del Club Aéreo de Puerto Natales, el 20 de agosto de 1945, en una reunión convocada por el teniente Gallardo, que se celebró en el casino de oficiales de la Segunda Comisaría. El señor Gallardo nos expresó que llegaba destinado por varios años a la ciudad y que quería aprovechar su experiencia y el entusiasmo de la juventud, para formar una institución con todas las de la ley, similar a las que existían a lo largo del país y que, igual que aquellas, estaría afiliada al Club Aéreo de Chile, cumpliendo los requisitos y exigencias que impone la Dirección Aeronáutica.
En esta misma reunión se nombró una comisión organizadora, que formamos, como presidente el piloto civil Julio Gallardo Donoso; como secretario René Adema Gallardo; como asesor Amarante Valverde y como secretario de prensa y propaganda el autor de estas líneas.
Fundado el club, se abrió un registro de socios, en el cual se inscribieron numerosos jóvenes de ese tiempo. La comisión inició de inmediato una campaña, para construir una cancha de aterrizaje, que permitiera la llegada de aviones, y que sirviera además para actividades futuras de la institución. Cooperó con entusiasmo y eficiencia el gobernador Humberto Jara Sánchez. Se buscaron terrenos en los alrededores de la ciudad, pero no sirvieron, a juicio de los técnicos. Hasta que el jefe de la posta LAN Chile, Alfonso Cuadrado Merino, experto piloto, recomendó los que están ubicados entre el camino a Puerto Prat y la estancia Bories, que fueron obtenidos de los propietarios para los fines propuestos.
Apenas asomó la primavera, el club tenía ya setenta socios, entre ellos treinta aspirantes a pilotos. Los más jóvenes y fuertes acompañaron al teniente Gallardo y comenzaron a trabajar en el despegue de la cancha. Hacha en mano y con destroncadoras, hicieron desaparecer poco a poco las matas de calafates y los troncos de árboles; la Municipalidad prestó un rolo; socios trajeron bueyes; se emparejó y ripió la cancha; se midió y señalizó el terreno y finalmente se construyó una caseta. Y en el verano aterrizó el primer avión procedente de Punta Arenas, trayendo mayor entusiasmo en el zumbido de su hélice. En esa oportunidad se abrió oficialmente el registro de aspirantes a pilotos y se inscribieron, los primeros, el gobernador Humberto Jara Sánchez y el Alcalde Sandalio Vivar Vivar.
La comisión organizadora había cumplido su misión. Correspondía elegir el primer directorio titular, que quedó formado de la siguiente manera: Dr. René Retamal V., presidente; David Canobra D., vicepresidente; René Adema G., secretario; René Mansilla, prosecretario; Constantino Gafo L., tesorero; Julio Gallardo Donoso, asesor técnico; y Amarante Valverde, director.
El entusiasmo era grande. Los socios del Club Aéreo vistieron uniforme y desfilaron en fiestas patrias. Se comenzó a reunir dinero para comprar un avión. Así iban las cosas cuando abandoné Puerto Natales. Pasó el tiempo. Se fue el teniente Gallardo. El club entró en receso. Pero la cancha de aterrizaje fue utilizada por aviones de LAN, de la FACH y de TAMA. En un tiempo el club fue reorganizado por el emprendedor piloto Ernesto Scabini, quien no se encuentra ahora entre nosotros.
Puerto Natales tiene escasos contactos aéreos. Es de esperar que queden aún algunos románticos, igual que Julio Gallardo, embelesados por el sueño de volar.

La Prensa Austral, 10 de junio de 1982.

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domingo 29 de marzo de 2009

Cuarta teoría de Lalo

Estoy terminando de atender a Lalo cuando me pregunta cuánto calzo, viendo cómo viene la mano, le miento, le digo que cuarenta y cuatro. Me dice que el número del calzado no tiene nada que ver con el tamaño del miembro. Eso es pura mentira nanito, na que ver, lo mismo que el tamaño de los dedos de la mano, una vez hablé con un médico argentino y ¿sabes lo que me dijo? Tú sabís que los médicos argentinos esos sí que son güenos, no como los médicos de acá, el médico argentino me dijo que para saber el tamaño del miembro de un hombre hay que mirarle la nariz, cuanto más grande la nariz, más grande el miembro de un hombre, mira mi nariz y la tuya chiquitita.

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